Claro, nos dirás que “a veces es imposible” sonreír. Te entendemos perfectamente. Sin duda es muy difícil encontrarse de buen humor o tener una actitud positiva cuando debemos enfrentarnos a problemas o situaciones complicadas que debemos asumir como es el cuidar de una persona con graves problemas de dependencia, enfermedades degenerativas o demencias.

Sin embargo, es fundamental incorporar en nuestras estrategias de afrontamiento, tener una buena actitud e incluso aprender a reírnos tanto de la situación, de nosotros mismos, de los problemas y de las situaciones complicadas y que, en la mayoría de los casos, no podemos cambiar.

¿De qué me voy a reír si mi padre o mi madre están padeciendo una enfermedad degenerativa como el Alzheimer?

Con este artículo no queremos decir que nos tomemos a la ligera o como un “chiste” la enfermedad, los problemas de dependencia o las circunstancias que debemos afrontar, porque además es imposible hacerlo. Lo que queremos es animarte a intentar desarrollar una actitud psicológica más beneficiosa para ti y que te ayude a sobrellevar mejor una durísima situación.

La importancia de la actitud ante lo que nos ocurre.

Algo que nos ha enseñado la psicología es que no respondemos de la misma forma ante una situación compleja, según la forma o la respuesta que demos ante dicha situación. Es decir, la actitud con la cual respondamos a los problemas determina la facilidad o la dificultad de respuesta y de resolución final.

No es lo mismo enfrentar la vida de manera alegre, sin perder los nervios, no dejarnos agobiar por los problemas, resolviendo poco a poco las dificultades y aceptando las cosas que no podemos cambiar.

Durante el proceso de cuidar, el propósito es aplicar estos mismos principios; no dejarnos agobiar demasiado ante la enfermedad, ni malgastar nuestro tiempo y esfuerzo en querer que nuestro familiar realice cosas o recuerde algo que por su propia enfermedad no puede. Incluso tomarnos con humor aquellas cosas “absurdas” o comportamientos raros que puede llegar a realizar y que son producto de su enfermedad. Al final lo que buscamos es ser capaces de tomarnos las cosas de la mejor manera posible, generar un ambiente agradable y crear una relación más afectiva con la persona que cuidamos.

Muchas veces hemos hablado del síndrome del cuidador quemado y de las graves consecuencias que este conlleva para la salud física y psíquica de las personas cuidadoras. Si la mayoría del tiempo que tenemos que cuidar a una persona estamos malhumorados, tristes, decepcionados, nerviosos o con sentimientos de impotencia nuestra labor será infinitamente más pesada y agobiante.

Por el contrario, desde el ámbito de la medicina y la psicología, cada vez encontramos más evidencias científicas sobre el efecto favorable de mantener una buena actitud frente a los problemas. Mantener el buen humor y reír provoca beneficios en la química del cerebro y en el sistema inmunológico. Cuando estamos felices, nuestro cerebro segrega una serie de sustancias que provocan sensaciones de bienestar y hará que nos sintamos mucho mejor para afrontar las situaciones complicadas que se nos presentan.

Es difícil… Pero sonríe siempre que puedas.

Tener sentido del humor significa responder con una actitud positiva ante situaciones difíciles que podemos encontrarnos en nuestro día a día como cuidadores. El buen humor nos permite alejarnos de pensamientos negativos y poco constructivos, por tanto mejora la toma de decisiones y nos ayuda a resolver conflictos.  Es muy probable que podamos tomarnos con humor situaciones o comportamientos “extraños” que realiza una persona que, por ejemplo, padece algún tipo de demencia. No se trata de reírnos de la persona sino de reírnos con ella.

Como decíamos, según muchos estudios, cuando reímos se producen una serie de beneficios físicos y psicológicos como son: disminución de la presión arterial, reducción del estrés, mejora del sistema inmunológico, se eleva el estado de ánimo, mejora el funcionamiento de nuestro cerebro e incluso se reducen los problemas cerebrovasculares, la artritis y las úlceras.

Así mismo, aumenta la sensación de bienestar, nos sentimos rejuvenecidos,  nos oxigena, nos permite reflexionar y exteriorizar nuestras emociones y nuestros sentimientos. Biológicamente nuestro cuerpo reacciona a la risa, se estimulan órganos internos, el diafragma origina un masaje interno que facilita la digestión e incluso ayuda a reducir ácidos grasos y sustancias tóxicas de nuestro cuerpo.

Debemos promover un ambiente distendido y alegre con la persona a la que estemos cuidando, te darás cuenta que la comunicación mejora, las actividades de la vida diaria se hacen menos engorrosas y aburridas, estará menos agitada y se evitarán conflictos innecesarios.

Algunas ideas

Aquí os dejamos unas sugerencias para promover un buen sentido del humor:

  • Intenta sonreír de manera habitual.
  • Cuando hables con la persona que cuidas muéstrale una expresión gestual y corporal alegre.
  • Dale mayor importancia a las situaciones que te hacen sonreír y sentir bien.
  • Disfruta al máximo de los momentos agradables que compartes con la persona que cuidas.
  • No olvides que muchos de los comportamientos son producto de la enfermedad y no de la persona a la que cuidas.
  • Cuando hables intenta hacerlo en positivo, o al menos, no en negativo.
  • Afronta el enfado de manera constructiva.
  • Se tolerante contigo y con la persona que cuidas ante situaciones difíciles.
  • Trata de encontrar siempre la parte graciosa de las situaciones absurdas que vives con tu familiar.
  • Relaciónate con personas positivas, agradables y que puedan entender tu situación como cuidador.
  • Si te apetece busca espacios de talleres grupales de relajación, risoterapia, etc., para recargar fuerzas y sentirte mejor.
  • Y además, regálate una gran sonrisa, un abrazo y las gracias por tu tiempo, tu paciencia, tu interés, tu cariño y todas las cosas buenas que haces como cuidador.

Y no te olvides que cuidar de otras personas a pesar de sus limitaciones o su enfermedad, no tiene por qué ser una experiencia triste, sino más bien enriquecedora.

Por último, ¿te has encontrado como cuidador/a con situaciones “extrañas” en las que ha sido fundamental el buen humor? Nos encantaría conocerlas.

Manuel Silva Camacho.

Psicólogo Paracuidadores.