Cuando uno de los miembros de la familia sufre de algún tipo de enfermedad degenerativa o crónica que le lleva a estados de dependencia más o menos importantes, surge la pregunta de cómo explicarlo a los más pequeños. ¿Os ha pasado alguna vez? Probablemente, si tenéis niños en casa, os ha podido surgir esta inquietud. En este artículo queremos ayudaros y orientaros en el manejo de esta situación.

Normalmente, los niños pequeños perciben que “algo no va bien” y expresan abiertamente que el abuelo o la abuela se comporta de manera extraña.

En la mayoría de familias la relación entre nietos y abuelos suelen ser estables, comprensivas, fuertes y muy cariñosas. Muchas veces los niños, sobre todo los más pequeños, suelen percibir al abuelo como un igual con el que pueden llevar a cabo actividades divertidas. Es decir, no asocian el envejecimiento y sus consecuencias negativas con sus abuelos.

Suelen, de alguna manera, idealizar su figura y la relación que tienen, de tal forma que percibir cambios negativos o extraños en su comportamiento puede afectarles.

¿Qué hacer entonces?  

Como no es posible negar la enfermedad y los cambios físicos y psicológicos que pueden sufrir nuestros mayores, lo más importante es que el niño comparta y viva abiertamente dichos cambios, haciéndole ver que son parte de las fases de la propia vida, de una enfermedad o de la etapa del envejecimiento. De esta manera el propio niño va a incorporar este aprendizaje y le proporcionará recursos intelectuales y emocionales útiles para afrontar diversas situaciones en el futuro de forma positiva.

Es, en general, muy bueno para el niño tener contacto con las personas mayores y que entienda las limitaciones que pueden aparecer en esta etapa de la vida, inculcando en todo momento el cariño y el respeto que debemos sentir por ellos.

¿Y cuando vivimos con los abuelos? 

Cuando la familia debe acoger a uno de los abuelos debido a una enfermedad que genera situaciones de dependencia, es importante que los padres hablen abiertamente de la situación y expliquen a los niños, en un lenguaje que entiendan, el por qué de la enfermedad y del comportamiento del abuelo.

Es importante que los padres sepan responder adecuadamente a las preguntas de los niños, e incluso poner el tema sobre la mesa si el niño se ve desconcertado ante un comportamiento de su abuelo o abuela. En los casos donde la dependencia suele ser mayor o el estado mental del abuelo se encuentre más deteriorado, sugerimos preparar al niño con antelación para que pueda entender mejor la situación y no viva la experiencia de forma desagradable.

Es importante no olvidar que los niños hacen parte del sistema familiar y por tanto son otro actor más dentro del escenario y las relaciones familiares. En el caso de los niños mayores incluso pueden ser de manera ocasional un “cuidador” o un apoyo importante para el cuidador principal.

En el caso de los niños como de las personas cuidadoras, es fundamental no solo explicar la enfermedad, sino también cómo responder ante el comportamiento del abuelo, es decir, las estrategias que utilizamos con una persona que padece demencia para tranquilizarle, también deben ser adoptadas por el niño. No permitir burlas ante los olvidos o un comportamiento “raro” del abuelo es uno de los parámetros educativos que debemos seguir.

Trabajando juntos.  

Por otro lado, los niños pueden ser un “estimulante cognitivo y emocional” para las personas mayores. Por su disposición al juego el niño es un “maravilloso” y cercano compañero de estimulación. Muchos de los juegos que utiliza el niño pueden ser compartidos por la persona mayor y estimular procesos cognitivos como la memoria, el cálculo matemático, el lenguaje, etc., que pueden ser divertidos y útiles para los dos.

Así mismo, debemos estar atentos al estado emocional de los menores cuando el abuelo no quiera estar con ellos, responda mal, se olvide de su nombre o se ponga agresivo. Hay que explicarle al niño que su comportamiento es producto de la enfermedad y no de algo personal contra ellos.

En resumen, si partimos del hecho que los niños hacen parte de la familia y que, de una u otra manera, actúan también como cuidadores, es fundamental, teniendo en cuenta la edad del menor, explicar la situación, hablar abiertamente sobre la enfermedad y sus consecuencias, hacerlos miembros activos del cuidado y, por supuesto, cuidar su salud mental ante situaciones desagradables o poco comunes que deberán afrontar.

Y lo más importante… ¡Que nunca se pierda la diversión, ni la risa, ni los buenos momentos, ni el cariño que existe entre nietos y abuelos a pesar de la enfermedad!

¿Y tú qué opinas, cuidador? ¿Cómo involucras a los niños en esta ardua tarea de cuidar a una persona dependiente?

Nos encantaría recibir tus comentarios y experiencias al respecto, para así poder ayudar a otr@s cuidador@s.

¡Gracias por leernos!

Manuel Silva Camacho

Psicólogo Paracuidadores