¿Por qué a mí? ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué a mi madre?

Si cuidas a un familiar seguramente te hayas preguntado en algún momento del recorrido “¿Por qué?”. Esta pregunta ligada a una serie de emociones es totalmente normal y habitual. A todos nos cuesta aceptar sin más las cosas negativas que nos suceden en la vida, y que a uno de nuestros familiares le hayan diagnosticado una enfermedad que genera dependencia o fallecimiento a medio o largo plazo, es como para “enfadarse” con la vida.

Y eso es lo que nos pasa cuando nos hacemos ese tipo de preguntas; entramos en una etapa de ira o enfado con lo que nos rodea, con Dios (si es que creemos en Él), con los médicos e incluso con nuestros allegados. “¡Mi madre no se merece esto!”, podemos llegar a pensar. Y es que, por supuesto que no, nadie se merece sufrir una enfermedad pero buscar culpables no nos ayudará a superar y aceptar lo que está pasando.

Las fases de la aceptación

En uno de nuestros artículos anteriores (puedes leerlo pinchando aquí) ya hablábamos de los beneficios que nos reporta la aceptación de lo que ocurre. Aceptar lo que sucede hará que, poco a poco, encontremos paz y serenidad, que tengamos nuestra mente clara para tomar las decisiones que correspondan, que podamos disfrutar de lo bueno de la vida (que seguro que es mucho).

Pero para llegar a esta aceptación muchas veces tenemos que pasar por una serie de fases que se asemejan a las que pasamos todos cuando sufrimos una pérdida. Estas fases son:

  1. La negación: “¡Esto no está pasando!”
  2. La ira o enfado: “¿Por qué a ella/él?”
  3. La negociación: “Si soy buena, todo irá mejor”.
  4. La depresión: “No puedo con esto”.
  5. La aceptación: “Está pasando y juntos podremos sobrellevarlo”.

No busques motivos… No los hay.

Por todo lo anterior, es mejor que no busquemos motivos ni respuestas a la pregunta “¿Por qué?” ya que es una pregunta a la que todavía no podemos darle respuesta. Incluso si hablamos de las causas de, por ejemplo, una enfermedad como el Alzheimer, aún la ciencia no tiene claros los motivos por los que esta patología aparece en muchos de los casos. Sí, hay muchas investigaciones, hay aspectos que parecen que están relacionados con la aparición de esta enfermedad, existen determinados comportamientos que parece que nos pueden proteger frente al Alzheimer (actividad mental, alimentación, etc.) pero la realidad es que, hoy por hoy, nadie está libre de poder sufrir tanto el Alzheimer como muchas otras enfermedades.

Por ello, aunque sin duda, la pregunta “¿Por qué?” nos resuene más de una vez, te recomendamos no dejarte arrastrar por ella. Las enfermedades, los accidentes, los problemas de la vida, son inevitables. Únicamente podemos hacer lo que está en nuestra mano: solicitar ayuda cuando lo creamos conveniente, intentar disfrutar de lo bueno que tenemos en la vida, de las pequeñas cosas, formarnos y documentarnos, compartir los cuidados de la persona, cuidarles con todo el cariño de lo que somos capaces, y, sobre todo, cuidarnos a nosotros mismos tanto física como emocionalmente. Esto último, que resaltamos en negrita, es fundamental, es el punto de partida para poder afrontar y aceptar la situación lo antes posible y así poder mejorar nuestra calidad de vida.

Esperamos vuestros comentarios y reflexiones deseando que este artículo os resulte de utilidad. Un abrazo, cuidadores.

María Requena.

Terapeuta Ocupacional. Paracuidadores.