cuidado del cuidador

La enfermedad de Alzheimer así como otras demencias, lleva consigo, irremediablemente, que la persona, en algún punto del camino, deje de reconocer a sus familiares, incluso a los más próximos, o los confunda con personas del pasado.

Sin embargo, a lo largo de mi trabajo con familiares también me he encontrado con situaciones en las que el cuidador o familiar ya “no reconoce” al padre que tuvo, a la madre que fue, al hermano con el que charlaba… La enfermedad, en ocasiones, acarrea alteraciones conductuales tan significativas que la persona sufre un cambio de personalidad y de forma de ser que hacen complicado distinguir a la persona que era antes del empeoramiento de la enfermedad.

“Ella nunca me hubiera dicho eso”.

No en pocas ocasiones he tenido delante de mí a familiares apesadumbrados tras episodios de agresividad u otro tipo de comportamientos complicados por parte de sus familiares dependientes. Es muy difícil asumir que tu madre o tu padre te insulte, no te reconozca, o incluso pueda llegar a agredirte… Es una situación muy compleja de afrontar.

Yo suelo decir a las familias que tengo delante que en esos momentos “es la enfermedad la que habla, la que actúa“, no es su madre, su padre, su hermano o hermana, la que está comportándose así… Es la enfermedad la que provoca ese tipo de actuaciones, frases, etc.

En estas ocasiones es muy importante no tomarse esos ataques como algo personal. Realmente no van dirigidos al cuidador/a… La enfermedad lo trastoca todo y en estos momentos lo mejor es mantener la calma, la serenidad, no gritar, hablar con voz baja y cariñosa y esperar a que se calme. Si estos episodios incrementan su intensidad y su frecuencia es recomendable acudir a su médico de referencia para una revisión de la medicación.

Cuando el amor y los recuerdos son la respuesta

Los episodios de agresividad, desinhibición, u otros comportamientos alterados son los más complicados de sobrellevar por parte del cuidador; sobre todo si son muy frecuentes ya que alteran mucho la convivencia y el bienestar del conjunto familiar.

Como decíamos es muy importante estar en contacto con el médico de referencia para intentar mantener controlados estas situaciones el mayor tiempo posible.

Es fundamental pedir apoyo a otros familiares para que el cuidador principal pueda descansar; es VITAL no tomarse estas situaciones como ataques personales, no lo son, no lo olvides. Tu familiar sigue ahí, pero la sombra de la enfermedad a veces lo oscurece todo. En esos momentos en los que te sientas agobiado/a recurre a tus (vuestros) recuerdos, a fotos, o simplemente trae a tu mente felices momentos vividos. Estoy segura de que comenzarás a encontrarte mejor. Además, el amor siempre es la respuesta; el cariño es la mejor herramienta que tenemos pero tanto hacia tu familiar enfermo como hacia ti mismo/a.

Lo estás haciendo lo mejor que puedes, nunca, nunca te hables mal por ello. Quierete siempre para seguir en la labor del cuidado y ofrece tu amor a tu familiar, es la mejor respuesta.

Un abrazo, cuidadores.

María Requena. Terapeuta Ocupacional. 

Si eres un cuidador/a o ex-cuidador/a seguramente has enfrentado situaciones como sobre la que hoy hemos reflexionado. ¿Quieres contarnos tu experiencia? ¿Qué te ayudo a sobrellevarlo?

¡Gracias por leernos!