9 cosas que no hay que decirle a un cuidador

A veces, con las mejores intenciones, las personas que nos rodean intentan ayudarnos con buenas palabras. No sé si os pasa a vosotras y a vosotros, pero cuando llevamos mucho tiempo cuidando, a veces en soledad, las buenas intenciones de otros  pueden herirnos.

El desconocimiento de no saber realmente qué significa padecer la enfermedad que sufre nuestro familiar, de no saber en qué consisten sus cuidados ni de cómo nos sentimos, puede causar que las personas que nos rodean no acierten a la hora de dirigirnos sus palabras.

Esta entrada está dedicada a las personas que tienen cerca a cuidador@s de personas dependientes y, en ocasiones, no saben cómo ayudar o qué decir.

9 cosas que no decirle a un/a cuidador/a

A continuación, indicamos algunas de las cosas que por nuestra experiencia sabemos que no suelen «sentar» bien a los/as cuidadores:

  • «Ten paciencia»: Esta es la frase más manida, usada… Y la que a mí más me molesta e intento evitar con otros cuidadores, ya que de por sí los cuidadores tienen paciencia, es la cualidad que más manejan desde el principio. Las personas con algún tipo de demencia sufren frecuentemente cambios comportamentales, alteraciones emocionales y un deterioro progresivo de sus capacidades que hacen que los cuidadores necesiten de mucha paciencia para sobrellevar el día a día. Por eso, no hace falta decirlo.
  • «¡Qué “guerra dan” los mayores!»: Esta es una frase ofensiva tanto para los mayores como para sus cuidadores. No dan “guerra”, están sufriendo una enfermedad que afecta a las capacidades intelectuales y que provoca que tengan ciertos comportamientos difíciles de manejar. Seguro que si pudieran evitarlo lo harían. Mostrar apoyo y comprensión a los cuidadores es mucho mejor.
  • «Son como niños»: Ciertamente, debido a las enfermedades deteriorantes se recuperan o aparecen algunos aspectos más característicos de otras edades: hay que darles de comer, pierden el control de los esfínteres, olvidan cómo realizar actividades propias de los adultos, etc. Pero, no hay que olvidar, que no son niños, e infantilizarlos no es justo para ellos. Son personas con una gran historia detrás, que han luchado mucho, y es importante reconocer su valor en sus últimas etapas de la vida.
  • «¿Aún te reconoce?»: Los cuidadores familiares ya saben que algún día su familiar dejará de reconocerles. Es algo que sucederá tarde o temprano, por eso las personas que les rodean deben de tener la suficiente sensibilidad para no recordar uno de los momentos más dolorosos a los que los cuidadores/as acaban por enfrentarse.
  • «¡Tú también vas a tener Alzheimer!»: Es importante recordar que, aunque hay casos de Alzheimer genético, no es así siempre. En muchas familias puede haber casos esporádicos de Alzheimer que es lo más usual. Es decir, que, porque tu madre o tu padre lo padezca, tú no tienes por qué sufrirlo. Las personas que rodean a los cuidadores no necesitan incidir en esta posibilidad.
  • «¿Dime si te puedo ayudar en algo?»: Esta frase está muy bien, pero mucho mejor hacerlo. Si sabes que tu amigo/a cuidador/a tiene dificultades para salir de casa ofrécete a quedarte con su familiar, llévale comida hecha, ayúdale con la limpieza del hogar, con los recados, etc. Seguro que te lo agradecerá más.
  • «Tú puedes con todo (y palmadita en la espalda)»: No, ni los cuidadores, ni nadie puede siempre con todo. Debemos darnos permiso para decir que no, no podemos con todo, y tenemos derecho a que los demás nos comprendan y acepten. Decir esa expresión es no saber qué supone cuidar a una persona durante mucho tiempo cada día, durante meses y años. Nadie es un súper héroe, y los cuidadores están sometidos a una sobrecarga excepcional, requiriendo de apoyo en muchos casos. Ayudar y empatizar con ellos es lo más recomendable.
  • «Seguro que tienes ayudas»: La labor de los cuidadores no está suficientemente reconocida y las ayudas que existen muchas veces llegan tarde o son insuficientes. Los cuidadores y las cuidadoras, en ocasiones, se ven abocados a tener que dejar en suspenso sus vidas laborales para realizar la labor de cuidado con lo que la situación económica se complica. Además, el gasto farmacéutico, las adaptaciones para el hogar, etc. suponen una carga supletoria. Por eso es imprescindible que las administraciones reconozcan esta labor y aporten las ayudas necesarias.
  • Dar lecciones de cómo hacer las cosas (sobre todo proveniente de una persona que no ha sido cuidadora): A quien más y a quien menos nos gusta dar lecciones, consejos, enseñanzas… Pero si no has sido cuidador/a es mejor guardárselas. No se pueden dar consejos si no se ha pasado por lo mismo que la persona que lo está padeciendo. No funcionará.

Lo mejor que podemos hacer por un cuidador es mostrarles nuestra presencia de forma real, ser empáticos, leer sobre la enfermedad, apoyarle para que pueda disponer de su tiempo, favorecer su desahogo, … Y en definitiva hacer que no se sientan solos. Cuidar al cuidador es una tarea de todos los que formamos la sociedad.

María Requena.

Terapeuta Ocupacional. Paracuidadores.

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